MOBBING

VIOLENCIA PSICOLOGICA

Este es un caso más de los millones que existen sobre la violencia psicológica. En mi caso muy difícil de sanar el daño moral causado por este sujeto por aparecer, desde que acarició la FAMA   en los medios de comunicación, moverse en las altas esferas económicas del país y en los últimos tiempos mercader de futbolistas, se cuela en nuestra casa haciéndonos recordar los horribles momentos familiares y “laborales” que nos hicieron vivir.

LA CONSPIRACIÓN

Allá por el año 1986, cuando yo tenía 38, un hermano de mi mujer a petición de su padre, me facilitó un trabajo en su despacho “profesional”, de Madrid. Un despacho de lujo y alto standing en la P. de Salamanca de Madrid en el cual se encontraba instalado otro hermano de éste, dedicado a Agente de Cambio y Bolsa (hoy notario). (Como no podría ser de otra manera, se vio obligado a cumplir la voluntad de su padre). Pues bien, cuando me presenté por primera vez para incorporarme al “trabajo”, fui recibido por el segundo (J.B., el notario) para darme la bienvenida y decirme que me pusiera a las órdenes del primero, A.B. a través de su secretaria Cristina. Me presenté a la tal Cristina y ésta me dijo que le siguiera para indicarme el lugar donde me instalaría para “trabajar”. Después de atravesar la zona “noble” por un pasillo hacia la zona de servicio me enseñó una habitación lúgubre de unos 6 m2 frente al office o cocina y una ventana con vista a un patio interior, cuyo único mobiliario era tan solo una mesa de escritorio antigua de madera desmontada en tres partes (tablero y cajones). Los primeros minutos, allí, fueron de total desconcierto sin saber qué hacer en aquel lugar ante una mesa desmontada y ni una silla en la que sentarme para pensar. Me dirigí a la tal Cristina para preguntar por una silla a lo cual me respondió que buscara alguna, lo que así hice a través de una hermana de estos dos que también trabajaba a las órdenes del hermano notario.

Mi primera jornada transcurrió montando la mesa, subiendo una silla vieja con ruedas del piso bajo al primero y sentado hasta que llegara la desconocida hora de salida. A eso de las 14 horas de aquel día la tal Cristina me comunicó que podía marcharme. Le pregunté la hora de entrada por la tarde a lo que me contestó que a las 5. Cuando llegué a mi casa, lo primero que me preguntó mi mujer (hermana de estos dos sujetos) fue cómo había transcurrido mi primer día, a lo cual no supe responderle. La jornada de 3 horas de la tarde fueron las más largas de mi vida ya que nadie se dirigió a mí para nada. Una y otra vez me preguntaba a mi mismo que sería lo que debería hacer. Esta situación se prolongó durante días, hasta que empecé a reaccionar. Me sorprendió que me pusieran en aquel cuartucho un teléfono (Satai) a mi disposición. Más tarde supe que el teléfono era para evitarse la fiel secretaria darse algún que otro paseo por aquel pasillo para encomendarme algunos de los recados como fueron: llevar un maletín del “Ilustre” A.B. (su jefe y al parecer el mío) a una tienda de artículos de regalo de un pariente en el barrio de Salamanca de Madrid para que le repararan uno de los broches, pues al parecer carecía de la sensibilidad al dedo del “ilustre señor”; ir a comprar cartones de tabaco rubio a un vendedor específico que se encontraba por la calle de Goya frente a la cafetería “ CALIFORNIA 47” etc..; o sin explicación alguna me enviaran a una reunión con un alemán para que éste me diera toda clase de explicaciones sobre la situación contable de una promotora a la que él pertenecía. El buen Sr. Gerente alemán daba por hecho que yo sabía de qué iba la movida pudiendo salir de aquel trago o “emboscada” amparándome en lo mal que éste hablaba español. Con posterioridad se hizo cargo el despacho de esta promotora para tratar de salvar el culo del entonces dueño de la misma, ante los presuntos delitos contra el fisco que ésta tenía.

LA OTRA CARA DE LA VERDAD

Mi reacción, ante tal situación tan anormal, fue intentar saber a qué se dedicaba y de que iba este despacho tratando de buscar temas y negocios afines al mismo con el fin de sentirme útil. Por medio de amistades comencé a aportar proyectos, pero estas gestiones dieron lugar a recibirse en el despacho llamadas telefónicas preguntando por mí y comenzaron a ser molestas, por lo que la fiel secretaria me conminó para que utilizara la línea correspondiente a la letra "A" del Satai ya que mis servicios correspondían al “ilustre cuñado 1.” y que no utilizara la línea correspondiente a la letra B por pertenecer al “ilustre cuñado 2”. Como estaba claro que entre los hermanos hacían “doblete” quise evitar que más adelante se cabreara el de la "A" y diera algún tipo de instrucción al respecto a su fiel “recadera”, ya que desde mi incorporación al despacho este “ilustre Jefe” nunca se dirigió a mí, siempre lo hizo a través de terceros. En consecuencia empecé a citar a mis colaboradores en la calle.

En una  ocasión me presenté ante el “noble” jefe en su señorial despacho para entregarle un proyecto de compra de un Puerto Deportivo en Bahía de Rosas que me había llegado por una amistad. Como quiera que sin darme cuenta cometí la “imprudencia” de sentarme en una de las sillas de confidente frente a la suya sin permiso para hacerlo, por su mirada (de estas que te perdonan la vida) capté su indignación por tal hecho. Pues bien, en la siguiente ocasión para presentarle otro tema de trabajo y como lección aprendida me quedé de pie esperando su invitación a sentarme, mientras él atendía diferentes llamadas de teléfono y dictados a su eficiente Cristina, durante más de 40 minutos frente a este “gris” personaje sin que en ningún momento hiciera el menor gesto de invitación a que tomara asiento siguiéndole el baile su fiel secretaria que presenciaba a escasos metros el espectáculo, para terminar diciéndome que ya lo estudiaría. Tengo conocimiento de personas que fueron y están siendo víctimas de este sujeto, incluidos familiares.

Parece ser que entre los dos “ilustres hermanos B.” llegaron a comentar extrañados de donde sacaría yo los temas que se empezaban a ver en su despacho, dado que el ”ilustre cuñado 2” (el notario) me llamó un día para preguntármelo a lo que yo le respondí que yo trataba y sabía moverme en cualquier actividad.
Sin saber cuanto cobraría al mes por ser puteado, el pago de mi “salario”, sin estar dado de alta en la SS., me lo hacía llegar la fiel secretaria mediante un cheque por importe de 50.000 pesetas de la época contra mi firma en un recibo.

Como era evidente que mi presencia les resultaba incomoda a estos dos sujetos y no acababa de tirarme por la ventana del cuartucho o cualquier "barbaridad", al cabo de los tres meses más o menos se presentó ante mi “mesa de mercadillo” un señor llamado R. A. el cual me comunica por orden del “cuñadísimo A.” que recoja mis cosas y que a partir de ese momento pasaría a depender de él en su gestoría de la calle de Pradillo. Ni siquiera tuvieron la gallardía de comunicármelo y despedirme ninguno de los dos a la cara. Luego supe que este buen hombre era un “lacayo” del “ilmo.. Sr. A.B.” que lo utilizaba para hacer los trabajos sucios de su “ilustre” despacho ocasionándole estos algún que otro infarto de miocardio, entre otros nombrarle administrador único de la promotora de aquel gerente alemán que me hizo entrega de los libros contables en aquella reunión.

INTENTO DE PROGRESO

Con este gestor estuve colaborando durante tres años más o menos pese a las trabas que le imponía “el padrino” mientras yo siguiera allí. De tal manera y comprendiendo la situación, ante la dilación en el tiempo sobre el objetivo de estos Ilustres, me despedí en la gestoría por no perjudicar a una buena persona fiel a la causa.

LA SOLUCION

En el año 1999 mi mujer, mis hijos y yo decidimos poner tierra de por medio por consejo y casi prescripción facultativa trasladándonos a vivir fuera de la península.

Esperemos que la reforma del código penal en esta materia sirva para neutralizar a estos “psicópatas organizacionales”, dejen de aumentar las víctimas por MOBBING y la violencia domestica que muchos como estos generan en este país.

Saludos cordiales.

JJR

Comentarios

Algunos creen que es un transtorno de la personalidad que sólo se ve en los serial Killers de las películas de terror. Pero los psicópatas existen y son padres, novios, jefes, vecinos y profesionales. Aprendé a identificarlos y a convivir con ellos: están entre nosotros y te están buscando para hacerte pisar el palito. Huí.
Cuando imaginamos a un psicópata, uno de los primeros que nos viene a la memoria es el doctor Hannibal Lecter, el personaje de la trilogía cinematográfica El silencio de los inocentes, Hannibal y Dragón rojo. O el más primitivo protagonista de Henry, retrato de un asesino serial. También podemos recordar a Max Cady (el Robert de Niro de Cabo de miedo), que no era un asesino serial, lo cual no lo hacía menos asesino psicópata, o la seductora y transgresora femme fatale Catherine Tramell (Sharon Stone en Bajos instintos).
Sin embargo, sería un error creer que los psicópatas son sólo asesinos seriales... También pueden ser estafadores, abogados, militares, ejecutivos, políticos, profesores,
familiares o vecinos.
Robert Hare, profesor emérito de Psicología de la Universidad British Columbia, de Canadá, y autor del libro Sin Conciencia, es la autoridad mundial en la materia. Hare, creador de la Escala de Calificación de la Psicopatía-Revisada (PCL-R), utilizada como instrumento de evaluación, calcula que el 1% de la población mundial califica como psicópata

Estos individuos, explica el experto, no son enfermos en el sentido clásico de la palabra: no son psicóticos ni presentan los conflictos habituales que poseen los neuróticos. Conocen muy bien la diferencia entre el bien y el mal, sólo que no son capaces de ponerse en el lugar del otro porque ven y tratan a las personas como objetos. Pueden imaginar cómo piensa su interlocutor pero no pueden comprender lo que sienten los demás; en realidad, no les importa hacerlo. Su máxima aspiración es manipular a los demás con el fin de lograr sus objetivos y no sienten ningún remordimiento. Varios de ellos no cometen delitos aunque violen las reglas y las expectativas sociales de la mayoría. Algunos llegan a la cárcel, pero otros no porque son lo suficientemente inteligentes y astutos como para no ser descubiertos violando el código penal.

EL PELIGRO DE ENAMORARSE DE UN SPICOPATA Él la llenó de flores y regalos y ella, que es sensible, se enamoró enseguida. Pronto, él le sugirió que renuncie y se vaya a trabajar con él. Luego, le dijo que no pasara tanto tiempo con sus hijos, entonces ella los dejó al cuidado de su ex marido. Se fueron a vivir juntos pero un día, cuando la mujer había perdido el contacto con su entorno social y había dejado sus proyectos, él la dejó sin darle ninguna explicación.

“De a poco los psicópatas van captando las cualidades, conocimientos y características de sus parejas y las usan. Obtienen contactos, información, conocimientos y muy sutilmente activan una profunda descalificación – describe la Lic. Iris Pugliese, psicóloga, codirectora del Centro Psicoanalítico Argentino -. Cuando la autoestima de ella está totalmente socavada la dejan”.

Esa descalificación provoca que la mujer se deprima y en ese estado lo siga idealizando y no se de cuenta de que se siente así porque el psicópata, que es muy sutil, la llena de culpas.

“Lo que excita a los psicópatas y mayor satisfacción les produce, es engañar a la mujer que los ama y se juega por ellos y lo hacen sin la mínima preocupación por el daño o el dolor que causan”, explica la licenciada. Y advierte que, a pesar de que juren y perjuren, “los psicópatas tienen pocas posibilidades de cambiar”.

“No son ni locos, ni cuerdos: son simplemente personalidades anormales, que tienen una especial manera de ser y de relacionarse con los demás que desentona con el resto de una comunidad determinada”, explica Pugliese.

Existen ciertas características de la personalidad de un psicópata, que permiten identificarlos y saber cómo hacerles frente, para seguir con ellos o alejarse definitivamente.

En su artículo “El psicópata: un hombre especial del que convendrá... ¡huir!”, Iris Pugliese enumera algunas de ellas. Son locuaces y persuasivos, impulsivos e inquietos, expertos en declaraciones de amor que tienen como objetivo obtener un bien deseado, e incapaces de manifestar sentimientos de culpa. Se especializan en prometer –hipócritamente- enmendar su comportamiento si son descubiertos en mentiras, culpan siempre a los demás por sus errores. Además, los psicópatas insisten en obtener apoyo y comprensión incondicionales, y responden a los cuestionamientos con acusaciones de no ser amados.

“Mi pareja siempre se quejaba de que no lo consultaba antes de tomar una decisión –relata Juana, quien estuvo casada con un psicópata-. Y de esa forma me controlaba. Después de un tiempo, terminé alejándome de mis amigos y de mis familiares”.

Juana relata que buscó ayuda psicológica cuando descubrió que estaba deprimida. Trabajando en terapia, se dio cuenta de que el problema estaba en la personalidad de su marido, y decidió separarse. “Pero él me manipulaba, y terminaba sintiéndome atraída hacia él”.

Cuando por fin pudo terminar la relación, habían pasado varios años, y la mujer estaba sola, porque su pareja la había alejado de sus contactos sociales.

Otro caso es el de Carola, cuyo marido cambió radicalmente luego de una separación. “Después del divorcio, él utilizaba la táctica de ser seductor, pero con nuestro hijo. Era una persona completamente diferente conmigo que con él; finalmente logró que nuestro hijo decidiera mudarse con él”.

“El psicópata tiene un componente envidioso: cuando no necesita a la pareja, la destruye”, observa Pugliese. La psicóloga también explica que “se da una complementariedad perfecta entre un hombre que no concibe la vida sin un poco de riesgo, encanto y acción, y una mujer que al no elaborar viejos conflictos infantiles relacionados con la idealización de padres omnipotentes, termina durmiendo con el enemigo".

“En principio, para que una mujer se enamore de un psicópata, tiene que ser una persona psíquicamente dependiente. La pareja de un psicópata es una mujer melancólica” –define el Lic. Andrés Sánchez Bodas, psicólogo y Director de Holos San Isidro

psicópata tiene un tablero gigante, se llama mundo, y las piezas que mueve en su juego se llaman personas. Las personas son su materia prima de trabajo y diversión.

El juego del psicópata es un juego de poder, juega con los otros bajo sus propias reglas.

En 1961, Karpman dice "dentro de los psicópatas hay dos grandes grupos, están los depredadores y los parásitos" (haciendo la analogía biológica). "Los depredadores toman las cosas por la fuerza y los parásitos a través de la astucia y de la pasividad"

Dieciséis criterios de Cleckey(1941)

Inexistencia de alucinaciones o de otras manifestaciones de pensamiento irracional.
Ausencia de nerviosismo o de manifestaciones neuróticas.
Encanto externo y notable inteligencia. Aclaración: No todos los psicópatas son encantadores, los hay anodinos, amargados, hoscos y algunos francamente repulsivos, otros inspiran temor. El grupo de los que utilizan el encanto corresponde más a los explotadores (estafadores, vividores, parásitos) que lo usan como un medio de captación.
Egocentrismo patológico e incapacidad de amar.
Gran pobreza de reacciones afectivas básicas.
Vida sexual impersonal, trivial y poco integrada.
Falta de sentimientos de culpa y de vergüenza.
Indigno de confianza.
Mentiras e insinceridad.
Pérdida específica de la intuición.
Incapacidad para seguir cualquier plan de vida.
Conducta antisocial sin aparente remordimiento.
Amenazas de suicidio raramente cumplidas.
Razonamiento insuficiente o falta de capacidad para aprender la experiencia vivida.
Irresponsabilidad en las relaciones interpersonales.
Comportamiento fantástico y poco regulable en el consumo de alcohol y drogas.
Un rasgo no determina la etiqueta de psicópata, deben reunirse un conjunto de ellos, de lo contrario pensaríamos que estamos rodeados de psicópatas. Los rasgos deben, además, ser persistentes y no ocasionales.

El psicópata en su accionar no es visiblemente 100% psicópata. No tiene una característica física que lo distinga. Es uno como nosotros. Puede estar tomando apunte o dar una clase, ser un compañero de trabajo, un líder social. Sólo cuando actúa ‘psicopáticamente' se lo puede reconocer. Tampoco son todos brillantes y exitosos, los hay errabundos y marginales; otros se manifiestan en un ámbito tan privado (perversiones) que, excepto para el complementario, es una persona común


Hola,

Me ha parecido muy interesante este escrito, hubo un tiempo en que me interesépor dicho tema y descubrí tal como dice el relato, de que hay más de lo que podemos imaginar.

También es un tema que te hace llegar a pensar que a lo mejor tu estas dentro de estas personas psicópatas.

En conclusión, estuve trabajando en un cole de profesora y me pareció encontrarme con un par de psicópatas de compañeros, la verdad, es que son dificiles de tratar y si que lo complican todo y tienen una personalidad bastante compleja, pero......... mi pregunta es:

¿es genètica dicha enfermedad? ¿se puede medicar?
¿o mejor proviene del entrono, educación recibida, etc.?
Son temas que se me escapan.

Gracias,
Atentamente,

Ana


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